YA ESTOY EMPODERADA ¿Y AHORA QUÉ?

YA ESTOY EMPODERADA ¿Y AHORA QUÉ?

Mujer empoderada

Vivimos un momento de extraña paradoja. Mientras estamos sufriendo los efectos del uso desmesurado, deshumanizado y egocéntrico del poder, estamos buscando el empoderamiento. El tema del “empowerment” (traducido luego como empoderamiento al llegar a España) lleva ya unos años sustituyendo a la más clásica autoestima. Y ahora está en la campaña publicitaria de El Corte Inglés. Es señal inequívoca del fin de una época. Y es que las palabras en sí contienen un mensaje que va mucho más allá del significado explícito de las mismas. Hubo un momento en el que simplificamos el mensaje bíblico del “Amar a los demás como a ti mismo” y nos quedamos con amarnos a nosotros mismos solamente. Así empezó a tomar de cada vez más fuerza el concepto de auto-estima. Parece completamente lógico pensar que si me amo a mi misma poco, entonces, inevitablemente poco amaré a los demás. Incluso algunos llegaron a la conclusión que amaban más a los demás que a si mismos. Es una afirmación que todos hemos escuchado muchas veces y no la cuestionamos. Así que pareció de mucho sentido común dedicar nuestros esfuerzos a subir (¿?) nuestra autoestima. Por si alguien aún no haya caído en la cuenta, quiero subrayar que en todo momento hablamos de cantidades y medidas referidas al amor.

Alrededor de este concepto giran inevitablemente los conceptos de valoración, reconocimientos y afirmación de uno mismo. Curiosamente todos hemos encontrado personas que definitivamente no parecían reconocer su propia valía y otros que no parecían tener ninguna duda al respecto. Que esto último fuese directamente relacionado con el amor a los demás, sin embargo, es algo que no pareciera tan inmediato. Seguramente que si eres una persona que ha tenido que andar el camino de la autoestima y del empoderamiento, recordarás aquellas personas a las que quisiste parecerte si bien veías en ellas cierto engreimiento y arrogancia. Aún así perecía que estaban “vacunados” contra los efectos de la “baja autoestima”: la excesiva autocrítica, la inseguridad, la dependencia y los fracasos de todo tipo. Seguramente sentiste que esto te estaba transformando en una persona sumamente vulnerable y admirabas la fuerza de estas personas que a tu lado pisaban fuerte por la vida, aparentemente impenetrables a las adversidades. Lo que quizás no te imaginaste es lo vulnerable que resulta alguien cuyas inseguridades y necesidad de valoración son tan grandes como las tuyas pero a quien el peso de las expectativas de los demás y el rol de triunfador no le permiten mostrar ninguna debilidad. Su fragilidad es como la del cristal y constantemente necesitan afirmar su valía a través de los demás. Su “club de fans” es tan imprescindible para ellos como lo es para ti la valoración.

La valoración así como el reconocimiento de tus propias cualidades innatas únicas e incuestionables te han ayudado a mejorar, primero respecto a ti misma y luego el respeto y valoración hacía tu persona. Pero vivimos en un mundo sumamente exigente que quiere de nosotros mucho más que un cambio interior. Queremos ver resultados, queremos pasar a la acción. Así que el viejo concepto de autoestima, con raíces bíblicas y tintes de introversión, pasó a ser sustituido por un concepto mucho más dinámico: empoderamiento. Cabe destacar como curiosidad que el amor fue reemplazado por el poder. Esto quedaría más o menos así: empodera a los demás como a ti mismo. Y, sin ningún pudor, utilizamos esta terminología cuyo significado implícito no puede estar más alejado del amor. Una vez sustituido el amor (estima, para no parecer muy vanidosos) por el poder, todo comenzó a andar sobre ruedas. Todos queremos ser empoderados y así llegar a ser unos triunfadores. Y no hablamos aquí del poder como capacidad o posibilidad sino del poder explícito ejercido hacía afuera. El lenguaje tiene algo de guerra, de conquista, de plantar mi bandera en lo alto de la cumbre. Ciertamente hay algo de atracción/erótica del poder en todo esto. Y también de soledad. Quizás para llegar allí hubo que vencer muchas cosas: miedos, limitaciones, creencias pero también personas. Sí, el poder tiene mucho de soledad, de conflicto y de estar en guardia.

Y ahora llega la pregunta: ¿y ahora qué? ¿Para qué todo este poder? ¿Hay algún sentido escondido detrás? ¿Y qué hacer cuando poco a poco y muy a pesar de tanto empoderamiento y autoestima descubro que en mis relaciones las cosas no parecen ir muy bien? Hay personas que se quejan de nuestro egoísmo, arrogancia y prepotencia. Quizás haya algo de manipulación y envidia en estas quejas pero también hay un mensaje relevante: nos hemos encerrado en nosotros mismos, nos hemos vuelto impermeables al otro y nos hemos quedado ciegos de tanto mirarnos a nosotros mismos.

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Un camino nuevo y desconocido se abre delante de nosotros. Muchos antes lo recorrieron y dieron testimonio de él. El camino comienza por abrirnos a la primera parte de la bíblica invitación. Amar al otro reconociéndole, respetándole, escuchándole, acompañándole tanto si nos cae bien como si no, tanto si es nuestro amigo como si lo vemos como un adversario. Así, tal vez descubras que entre el otro y tú mismo no hay tanta diferencia.

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¡Feliz viaje!

Mónica Macrescu

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